1- Municipios sin recursos, ciudadanos sin respuestas


Una mamá espera tres horas en la guardia. Un vecino reclama porque en su barrio no hay cámaras. Las calles de tierra, después de la lluvia, se vuelven intransitables. El reclamo es entendible y está más que justificado. Detrás de cada reclamo hay una pregunta que pocas veces nos hacemos: ¿con qué recursos cuenta un municipio para dar una respuesta?

Ahí empieza otra parte de la historia. Los municipios son quienes reciben la mayoría de las quejas, y no es casual: hay una cercanía directa con la comunidad. La gente necesita ser escuchada.  

Necochea, como todos los municipios de la Provincia de Buenos Aires, no tiene plena autonomía económica. Sus recursos están fuertemente atados a la coparticipación provincial. Tal es así que en la rendición de cuentas del año 2024, el ejecutivo municipal informó que “el total de recursos recibidos en el ejercicio 2024 ascendió a 45.058.423.800,94 pesos, de los cuales el 46,78 % correspondió a recursos propios de la Municipalidad, el 53,15 % a recursos de origen provincial y apenas el 0,07 % a aportes nacionales”.


Lo que no se dice 

Exigir a un municipio es válido. Pero para evaluar su desempeño es imprescindible considerar tres ejes fundamentales:

Comunicar con claridad cuáles son los límites reales de la gestión municipal.
Planificar una ciudad que crece, requiere servicios y, por lo tanto, necesita más y mejores recursos.
Gestionar activamente fondos ante Nación y Provincia, a donde todos los ciudadanos del distrito enviamos nuestros impuestos.

En este punto, es importante señalar una doble paradoja política.

Por un lado, hay dirigentes locales que se alinean con el gobierno provincial actual, que defiende un modelo de Estado presente. Sin embargo, muchas de las competencias que la Constitución Provincial les asigna —como salud y seguridad— no se están cumpliendo plenamente, y el municipio termina haciéndose cargo con las tasas municipales que pagan los vecinos. 

Por otro lado, a nivel nacional, el gobierno promueve un Estado mínimo. Y aun cuando los necochenses contribuimos diariamente al sostenimiento de ese Estado a través de numerosos impuestos nacionales (IVA, Ganancias, Bienes Personales, Monotributo, impuestos a los combustibles, etc.), en 2024 el municipio recibió apenas un 0,07 % de sus ingresos totales desde Nación.Una cifra insignificante frente al volumen de aportes que salen desde el distrito hacia el Tesoro Nacional.

En ambos casos —provincial o nacional— la falta de respuestas concretas no puede seguir explicándose sólo por diferencias ideológicas. Como distrito, necesitamos que los dirigentes de todos los espacios políticos trabajen juntos para gestionar fondos ante Provincia y Nación, más allá de la coyuntura electoral o de la pertenencia partidaria.

Un ejercicio para la ciudadanía

¿Sabemos cuánto pagamos al municipio, a la provincia y a la Nación?

Todos los meses pagamos distintos tributos, pero pocas veces nos preguntamos a quién se los estamos pagando.
Al municipio le pagamos tasas por  una contraprestacion de servicios concreta. 
A la provincia le pagamos impuestos, como el inmobiliario o la patente.
Y a la Nación, le damos una parte de casi todo lo que consumimos o cobramos: IVA, Ganancias, Monotributo, entre muchos otros.
¿Somos conscientes de eso? 

¿Tenemos idea de cuánto vuelve en forma de servicios, obras o programas?

Aportamos millones como distrito, pero ¿sabemos cuánto retorna desde Nación o Provincia en forma de obra pública, equipamiento, programas sociales o inversión en salud y seguridad?
¿Sabemos qué porción de lo que pagamos queda realmente en Necochea?
Si no lo sabemos, difícilmente podamos reclamar con argumentos.

¿Reclamamos con la misma fuerza ante los tres niveles del Estado? 

La crítica suele concentrarse en lo local —porque es lo más visible, lo más próximo—. Pero muchos problemas que sufrimos a diario se vinculan con responsabilidades provinciales o nacionales.
¿Preguntamos qué hacen con nuestro aporte? ¿O nos conformamos con ver pasar la discusión por los medios?


¿Por qué discutimos tan poco sobre estas diferencias si impactan directamente en nuestra calidad de vida?

Estas distorsiones no son técnicas, son políticas. Afectan cómo vivimos, qué servicios recibimos, qué obras se hacen y cuáles no. Hablar de tasas, impuestos, coparticipación o presupuesto no debería ser un tema exclusivo de técnicos o funcionarios, sino parte de una ciudadanía informada, que entiende lo que pide y lo que aporta.


El desafío es político, no técnico

Los dirigentes de distintos espacios no han logrado acordar una estrategia común para defender los intereses del distrito frente a los gobiernos provinciales y nacionales. No hay una agenda compartida ni un frente institucional sólido que exija lo que nos corresponde como ciudadanos del distrito de Necochea.

Pensar en un Distrito mejor no requiere milagros: requiere acuerdos y visión de conjunto. Gobernar no es solo administrar lo que hay, sino pelear con firmeza por lo que falta.

Las obras eternamente postergadas

El distrito de Necochea arrastra, desde hace décadas, un listado de obras estructurales que no solo siguen sin concretarse, sino que ni siquiera logran consolidarse como prioridades sostenidas en la agenda pública.

Entre ellas destacan el Puente Ezcurra —clave para mejorar la conectividad interna y la seguridad vial del puerto—, la planta de tratamiento de efluentes cloacales —esencial para el saneamiento ambiental de la ciudad y la salud pública— y, de forma urgente, la reparación integral del Puente Dardo Rocha, hoy en estado crítico. Esta última obra no admite más postergaciones: es un vínculo vial entre Necochea y Quequén, con circulación diaria de vecinos, trabajadores portuarios, ambulancias y transporte de carga.

A esto se suman el colapso del sistema cloacal existente, que no solo genera desbordes frecuentes sino que limita cualquier planificación de crecimiento urbano ordenado; la falta de potencia eléctrica disponible, que obstaculiza inversiones productivas y desarrollos inmobiliarios; y los accesos principales a la ciudad, cuya precariedad no condice con un destino turístico de escala regional.

Lo preocupante no es solo la falta de concreción, sino la ausencia de acuerdos políticos básicos para definir una hoja de ruta común. No hay una estrategia clara ni un frente institucional sólido que impulse con fuerza ante Provincia o Nación la gestión de los recursos necesarios. La fragmentación política y la falta de continuidad en las prioridades públicas han conspirado contra toda posibilidad de avance sostenido.

Porque conviene decirlo con claridad: este tipo de obras excede las capacidades del presupuesto municipal y resultan imposibles de financiar desde el esfuerzo vecinal. Requieren inversión pública de alto impacto, voluntad política sostenida y planificación conjunta con los gobiernos provincial y nacional.

Mientras tanto, las ciudades que sí avanzan son aquellas que logran consensos mínimos en torno a objetivos estratégicos y no resignan sus proyectos al calendario electoral. Allí donde se deja de improvisar y se construyen acuerdos duraderos, la transformación comienza a ser una posibilidad real.

 ¿Y si hiciéramos algo? La voz de los vecinos también puede empujar las obras postergadas

Cuando las grandes obras no llegan, cuando los proyectos quedan atrapados entre la falta de recursos, aparece una pregunta incómoda pero necesaria: ¿qué más podemos hacer desde la comunidad para que las prioridades de verdad se transformen en agenda pública sostenida?

Sabemos que la reparación del Puente Dardo Rocha, la planta de tratamiento de efluentes o la mejora de los accesos no se resuelven con el esfuerzo vecinal. Pero sí podemos colaborar en algo fundamental: visibilizar, ordenar y sostener esos reclamos en el tiempo, más allá de los cambios de gobierno y las promesas de campaña.

Una herramienta posible es la participación digital: activar una campaña ciudadana con un hashtag común —como #ObrasParaNecochea o #NecocheaDecide— y lograr que miles de vecinos se expresen en redes sociales con mensajes breves, fotos o videos.

No se trata de viralizar una queja más, sino de construir presión simbólica organizada, capaz de poner el tema en agenda no solo local, sino también ante los ojos de funcionarios provinciales y nacionales. Las ciudades que avanzan no solo tienen buenos gobiernos: también tienen vecinos activos, informados y comprometidos con un modelo de desarrollo concreto.

Participar no es reemplazar a quienes gobiernan, sino recordarles —con firmeza y respeto— que su responsabilidad es transformar los diagnósticos en soluciones.


El rol incómodo de la ciudadanía

También hay que decirlo con claridad: muchas veces, como sociedad, caemos en la comodidad del individualismo. Nos quejamos de lo que no funciona, pero no siempre nos informamos a fondo ni participamos del debate público. Esperamos que “alguien lo solucione”, pero rara vez preguntamos cómo, con qué recursos ni en qué plazos.

Este año hay elecciones legislativas. En este escenario, como ciudadanos tenemos una responsabilidad ineludible: preguntar, indagar, exigir. ¿Qué piensan hacer nuestros representantes con los temas estructurales de Necochea? ¿Qué proyectos tienen? ¿Con qué herramientas cuentan? ¿Qué acuerdos están dispuestos a construir?

No alcanza con el carisma o con ser conocido. Para incidir en el bienestar común se necesita preparación, capacidad de gestión y visión de futuro. Quien aspira a decidir sobre el presente y el futuro de una ciudad, debe entender de presupuestos, de normativas, de prioridades estratégicas.

Si un avión debe aterrizar en emergencia, uno no elige al pasajero simpático, sino al piloto capacitado. Lo mismo aplica para la conducción de una ciudad.

Es tiempo de dejar de votar con la inercia del pasado o por afinidades personales. Y de involucrarnos más allá del voto: seguir los temas, participar, proponer. No se trata de ser especialistas, sino de no resignarnos a que otros decidan todo por nosotros.



Comentarios

  1. El desafío debe ser asumido 100x100 por la política. Ejemplos sobran en nuestra región. Vemos muchos municipios en la provincia de Buenos Aires en los que si las cosas funcionan. Luego, obviamente, lo privado acompañará a lo público. El gran problema de Necochea es, como plantea la nota del blog, es que existe un déficit muy grande de obras que deberían haber sido ejecutadas hace mucho tiempo. La participación ciudadana es importante, pero para que las cosas sucedan debemos elegir bien a quienes nos gobiernan. Recién allí se resolverá el dilema que presenta el título del blog y pasaremos de ser "ciudadanos sin respuestas" a "ciudadanos comprometidos y con respuestas a las necesidades"...

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