13- Carta para Irene

Irene,

Todavía no naciste cuando escribo esto.

Estás en la panza, en los planes cotidianos de nuestra casa, en las charlas con tu mamá y en ese espacio invisible donde empiezan a cambiar las vidas antes de que pase nada concreto. No sé cuándo vas a leer esta carta. Imagino que será después de la adolescencia, cuando ya hayas vivido algunas cosas y empieces a mirar tu propia historia con un poco más de distancia.

Mientras te esperamos, con tu mamá viajámos seguido a Mar del Plata. En esos viajes hablábamos mucho de vos: de cómo serías, de qué cosas te iban a gustar, de qué nos iba a tocar aprender. Y el día que en la ecografía nos enteramos que venías, nos pusimos profundamente felices. No fue solo una alegría: fue la certeza silenciosa de que nuestra vida iba a cambiar para siempre.

No sé cómo vas a ser.

No sé qué te va a gustar, qué te va a enojar ni qué te va a dar calma. Pero incluso antes de conocerte, ya me estás enseñando algo que aprendí con tu mamá: que el amor no aparece de golpe, se construye en la espera, en el cuidado y en la decisión de estar.

Mientras escribo esto, pienso que hoy la casa está en silencio. Todavía no estás, pero ya ocupás un lugar. Hay días en los que me quedo quieto, pensando en cómo algo tan pequeño puede mover tantas cosas por dentro. Entro a tu pieza y me imagino que estás ahí, y que con tu mamá estamos aprendiendo, de a poco, a ser padres.

Te escribo desde la intención, no desde la certeza.

Desde la preparación. Desde saber que voy a equivocarme, pero también desde la decisión de no mirar para otro lado. Prometo darte el ejemplo con hechos —no solo con palabras— y estar presente en cada momento en el que me necesites, incluso cuando no sepa exactamente qué hacer.

Nacés en un mundo intenso.

Un mundo que corre rápido, que exige demasiado y que muchas veces confunde éxito con ruido. En ese mundo, ojalá recuerdes siempre que, más allá de cualquier logro, ser buena persona es lo único que de verdad importa.

Ojalá puedas tomarte el tiempo de conocerte, de cambiar de idea sin culpa y de no tratarte con dureza cuando algo no salga como esperabas. Y ojalá también seas una mujer independiente, que sepa defenderse, que no agache la cabeza y que pelee por aquello en lo que cree, incluso cuando no sea lo más fácil.

Mientras escribo estas palabras me emociono.La sensibilidad se me va al extremo y  entiendo que eso también es parte de empezar a ser padre: sentir más, pensar distinto y aceptar que algunas cosas ya no se miran igual.

No sé cómo voy a ser yo cuando leas esta carta.

Espero haber aprendido lo suficiente para acompañar sin invadir, para escuchar más de lo que hablo y para quererte siempre, incluso cuando no estemos de acuerdo.

Esta carta no explica nada.

Solo deja constancia de que, antes de que llegaras, ya eras importante.

Con todo mi amor,

Papá


Un libro que todavía no está escrito (Parte 2)

Cuando Irene nació pensé en escribirle otra carta. Después apareció una idea mejor: escribirle un libro.No un libro para leer ahora, sino para que lo encuentre dentro de muchos años, cuando sea grande.

No pretendo dejarle consejos. Tampoco enseñarle cómo vivir. Para eso tendras sus propias experiencias.

Lo que quiero dejarte es algo mucho más difícil de conservar: la memoria de todo aquello que nunca llegaste a ver.

Seguramente vas a recordar algunos cumpleaños, vacaciones, los regalos, las discusiones o las fotos familiares. Pero hay una parte enorme de la historia que permanece invisible: los dias de llanto, las preocupaciones, las dudas, las conversaciones con mama, las decisiones tomadas con miedo y el esfuerzo cotidiano que nunca busca reconocimiento.

Por eso imaginé escribir este libro por capítulos. Cada uno representará un momento que, probablemente, Irene jamás recuerde, pero que ayudó a construir la familia que hoy estamos formando.

No busco demostrar que fuimos buenos padres. De hecho, seguramente nos equivocaremos muchas veces. Como todos. También llegarán los enojos, los desacuerdos y esas etapas en las vos hija creeras que tus padres no te entienden.

Este libro no será una defensa.Será un testimonio.

Quiero que, si algún día sentis que fuimos demasiado estrictos, demasiado pesados o simplemente injustos, puedas abrir cualquier página y descubrir que detrás de cada decisión hubo dos personas intentando hacer lo mejor que sabían con las herramientas que tenían.

# Nos fuimos a Mar del Plata

El martes 12 de mayo del 2026 emprendimos viaje a Mar del Plata. Tu mamá quería intentar que nacieras por parto natural y eso tenía una consecuencia: nadie sabía exactamente cuándo ibas a decidir llegar. Podía ser en unos días... o en varias semanas.

Después de investigar bastante, elegimos pasar los primeros días en el Hotel Versailles al cual ya habiamos visitado en el pasado. Fueron jornadas tranquilas que hoy recordamos con una sonrisa. Caminamos mucho, recorrimos la ciudad, disfrutamos del mar y, por supuesto, de la buena gastronomía, algo que espero sinceramente que heredes de tu papá y mamá.

Ese miércoles 13 de mayo, los abuelos Lili y Gus nos invitaron a comer al Palacio del Bife. Compartimos una linda cena, de esos que después cobran un significado especial porque todavía éramos dos... aunque vos ya estabas muy cerca de convertirnos en tres.

Con el correr de los días empezamos incluso a preguntarnos si no habíamos viajado demasiado temprano. Parecía que nada iba a pasar.

Pero el viernes por la noche llegó el primer susto. Salimos de urgencia hacia la guardia del Hospital Privado de Comunidad. Finalmente fue una falsa alarma, aunque una obstetra que nos transmitió mucha tranquilidad nos dijo una frase que todavía recordamos:

—Yo creo que este bebé no pasa del fin de semana..

El sábado 16 cambiamos de hotel. Tu mamá, que para organizar viajes es toda una especialista (cuando seas grande buscá quién fue Lita de Lázzari y vas a entender el chiste), había elegido uno con una excelente ubicación y a muy buen precio. Fue una gran decisión.

El domingo parecía un día completamente normal. Al mediodía vinieron a visitarnos el abuelo Jorge, la abuela Lili y la tía abuela Susi. Almorzamos todos juntos en La Fonte D'Oro y después ellos regresaron a Necochea para que nosotros pudiéramos descansar un rato.

Sin saberlo, ese almuerzo era la última comida antes de conocerte.

Durante la tarde, mamá empezó a sentir contracciones cada vez más seguidas y decidimos volver a la guardia. Ahí cambió todo.Ese domingo 17 de mayo, cerca de las siete de la tarde, decidieron internarla.

Y te voy a confesar algo. Tu papá estaba tan preocupado por no olvidarse de nada que, en el momento de hacer la internación, me pidieron el documento de mamá... y no lo tenía.

Sentí que después de nueve meses preparándome para ese momento, había fallado en algo tan simple como llevar un documento. Fueron unos minutos de mucho nerviosismo hasta que, por suerte,  fui a buscar a tu mamá que estaba en el mismo lugar donde la habia dejado que me dio su documento.  

Recién ahí pude respirar. Ya estaba todo listo. Solo faltabas vos.

# Presenciar el parto 

Debo decirte, hija mía, que mucha gente no me tenía demasiada fe, pero finalmente pude presenciar el parto. Y hoy puedo decirte que fue una de las experiencias más increíbles de mi vida.

Sobre tu mamá... no sé por dónde empezar. Siempre la admiré, pero ese día descubrí una dimensión de ella que no conocía. La vi entregarse por completo para que vos llegaras al mundo. Desde ese momento la amo todavía más. Creo que ningún hombre puede comprender realmente lo que significa dar vida hasta que presencia algo así.

Naciste en el Hospital Privado de Comunidad de Mar del Plata el 17 de mayo de 2026 a las 23:45, mientras de fondo sonaba una canción de Olivia Dean. Pesaste 3.550 gramos.

Hay muchos recuerdos de ese instante, pero hay uno que jamás voy a olvidar.

La médica te apoyó sobre el pecho de tu mamá. Existe una fotografía de ese momento, pero ninguna imagen logra transmitir lo que sentí. En ese instante nacieron dos personas nuevas al mismo tiempo: vos, como hija, y tu mamá, como mamá. Ahí empezó un dúo dinámico que estoy seguro de que las va a acompañar toda la vida.

Después nos llevaron a un pequeño cuarto donde te revisaron para asegurarse de que estuvieras perfecta. Ahí estuvimos vos y yo, solos por primera vez. Te cambiamos, comprobamos que todo estaba bien y volvimos a darle un beso a mamá antes de subir a la habitación.

Si hoy pienso ese momento con la cabeza, creería que debería haber sentido un miedo paralizador. Miedo de hacer algo mal, de no saber cómo sostenerte, de no entender qué necesitabas. Pero ocurrió algo muy extraño. Todo salió naturalmente.

No sé si fue la emoción, la adrenalina o simplemente que vos me transmitiste una tranquilidad difícil de explicar. Sentí una energía especial que hizo que todo fluyera.

Cuando llegamos a la habitación pude tenerte unos minutos en brazos. Eras diminuta, pero ya parecías tener las cosas muy claras. A los pocos instantes empezaste a buscar la teta.

Esperamos a mamá, que llegó unos minutos después, agotada, pero con esa fuerza que ya empezaba a convertirse en una costumbre. Te acomodó entre sus brazos y volvió a darlo todo. Y ahí, delante de mis ojos, ese dúo dinámico empezó a consolidarse.

Yo todavía no entendía demasiado cuál era mi lugar en esa escena. Ellas dos parecían saber exactamente qué hacer.

Con el tiempo descubrí que ese también era mi lugar: estar al lado de ustedes, acompañarlas y disfrutar el privilegio de ver crecer ese vínculo único entre una mamá y su hija.

Porque esa noche no solamente naciste vos. También nació tu mamá como mamá. Y yo nací como papá. Ese fue, en realidad, el día en que nació nuestra familia.

#La primera vez que fuimos a la pediatra

Hay una frase que vas a escuchar muchas veces cuando seas grande: "Los hijos no vienen con un manual de instrucciones." Y es verdad.

Por más libros que uno lea, por más videos que mire o por más consejos que reciba, llega un momento en el que aparece una pregunta que solamente puede responder alguien con experiencia.

La primera visita a la pediatra fue exactamente eso.Tu pediatra todavía estaba de vacaciones en China, así que tuvimos que hacer el primer control con otra médica.

Pero ese día tenía otro desafío.

Era la primera vez que, desde que habíamos vuelto de Mar del Plata, te sacábamos de casa para hacer algo que no fuera simplemente estar con vos. Había mucha gripe dando vueltas, escuchábamos hablar de fiebre por todos lados y, como buenos padres primerizos, sentíamos que el mundo exterior estaba lleno de amenazas invisibles.

Así que preparamos con mucha dedicación. Ropa de más, mantita, bolso, pañales, el huevito, el auto... repasábamos mentalmente que no faltara absolutamente nada. 

Teníamos turno a las cinco y media de la tarde. Como suele pasar con los médicos, la atención se demoró un poco. Mientras esperábamos, mamá prefirió quedarse con vos dentro del auto para que no tomaras frío. Era pleno otoño y cualquier corriente de aire nos parecía un enemigo.

Finalmente llegó el momento. La revisión fue corta, pero para nosotros significó muchísimo.

La médica nos confirmó que estabas muy bien. Habías aumentado de peso y eso le dio una enorme tranquilidad a tu mamá, que había puesto todo su corazón en la lactancia y necesitaba saber que ese esfuerzo estaba dando resultado.

Nos recomendó volver cuando cumplieras un mes para continuar los controles con tu pediatra de siempre, que para ese entonces ya habría regresado a Necochea.

Salimos del consultorio mucho más livianos de lo que habíamos entrado.Nos miramos con mamá, sonreímos y, sin decirlo, entendimos exactamente lo mismo. Habíamos superado otro nivel en esto de ser padres.


# Tres días de llanto

Ser padres tiene momentos hermosos y otros que ponen a prueba todo lo que uno cree/piensa saber.

Vos todavía no podías hablar y nosotros todavía no sabíamos interpretar cada uno de tus gestos. Con apenas 45 dias, era bastante ingenuo de nuestra parte esperar que nos explicaras qué te pasaba. Vos estabas aprendiendo a vivir. Nosotros, a ser tus padres.

Dejame decirte que nos fuimos prepadno o eso creiamos. . Leíamos artículos, mama miraba reels de instagram, le preguntábamos a otros padres y hasta consultábamos a ChatGPT —una inteligencia artificial que seguramente, cuando leas estas líneas, ya te parecerá algo muy antiguo—. Todo ayudaba un poco, aunque nunca alcanzaba del todo.

Al final, la receta más importante era la que repetía una y otra vez tu mamá: **mucho amor**. Y aca nuevamente voy a hablar de tu mamá que lo dejo absolutamente todo. 

Hubo tres días en los que lloraste mucho más de lo habitual. Parecía que nada alcanzaba. Te cambiábamos el pañal, te ofrecíamos la teta, te hacíamos masajes, caminábamos con vos en brazos, revisábamos si tenías fiebre, si era reflujo, gases o simplemente necesitabas estar pegada a nosotros. A veces se nos agotaban las ideas y aparecía esa sensación tan incómoda de no saber cómo ayudarte.

En esos días nuestras expectativas se volvieron muy simples. Ya no pensábamos en descansar, salir o hacer otra cosa. Con que hicieras un poquito de caca si era un cólico, que durmieras un rato o que volvieras a regalarnos una sonrisa, sentíamos que habíamos ganado el día.

Y, aunque hubo momentos de cansancio, nunca dudamos de una cosa: ahí estuvimos, ahí estamos y ahí vamos a estar siempre.

Cada día crecés un poquito más. Cada semana nos sorprendés con algo nuevo. Mientras vos descubrís el mundo, nosotros descubrimos la enorme suerte que tenemos de acompañarte en ese camino.

Creo que el final conecta muy bien con la idea de las "cápsulas del tiempo": no se trata solo de contar que Irene lloró tres días, sino de mostrarle que detrás de ese llanto hubo dos personas que, aun sin saber exactamente qué hacer, nunca dejaron de intentarlo.






"Dormidos, pero despiertos" (completar)

"La primera sonrisa"  SE LA DEJO A MAMA QUE TOMAS TETAS Y TE REIS SIEMPRE!1


"Las primeras vacunas"


 otros capítulos:  el primer día de jardín, las enfermedades, las discusiones, las alegrías, los silencios, las despedidas y los abrazos.



La intención no es construir la historia de Irene. Ojalá nunca necesite este libro para comprender cuánto te quisimos. Pero si alguna vez tiene dudas, espero que estas páginas le permitan ver todo aquello que ocurrió mientras ella simplemente estaba creciendo.




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