19 Hoy cumplo 40 años
Hoy cumplo 40 años
No es una fecha más. No solo por lo simbólico, sino porque invita —casi te obliga— a hacer una pausa y mirar el recorrido.
A esta altura, uno ya no puede decir que está “viendo qué hacer”. Algo hizo, algo construyó, algo aprendió. Y en ese camino, además de lo laboral y lo personal, también empezó a construir algo más profundo: una familia, con todo lo que eso implica.
En mi caso, gran parte de ese aprendizaje no vino solo de los libros ni de las teorías —aunque hubo una etapa muy valiosa en La Plata, donde estudié y viví años muy felices— sino, sobre todo, de la práctica: de gestionar, de equivocarme, de tener que decidir con información incompleta y de convivir con lo imprevisible.
Sostener una estructura, generar ingresos, coordinar personas, atravesar años buenos y otros más difíciles… todo eso te va formando una mirada distinta. Más concreta, más terrenal, menos ingenua. Y, al mismo tiempo —o quizás por eso mismo— aparece una necesidad nueva: entender lo que pasa más allá de lo propio.
La llegada de Irene: cambiar la perspectiva
Ahí hay algo que, en mi caso, terminó de ordenar muchas cosas.
La llegada de Irene no fue solo un hecho importante en lo personal, sino un verdadero cambio de perspectiva. Te corre del centro, te obliga a pensar distinto y a mirar más allá del día a día.
Con ella aparecen nuevas preguntas, pero también una forma distinta de pararse frente a la vida: más sensible, más consciente y más conectada con lo importante.
Irene no solo llega a una familia; también viene a enseñarnos. A bajar un cambio, a poner en valor lo simple y a entender que muchas de las preocupaciones que nos ocupan no tienen el peso que creemos. Y, sobre todo, a recordarnos que el futuro deja de ser una idea abstracta: se vuelve concreto y empieza hoy, en cómo vivimos, en cómo nos vinculamos y en qué elegimos construir.
Ahí todo cambia de escala. Porque ya no se trata solo de lo que uno quiere para sí, sino de lo que está dispuesto a construir para alguien más.
En ese “alguien más” hay algo que para mí es central: Sol.
Mi amor, compañera, la mamá de mi hija, con quien elijo compartir la vida. Porque nada de esto se construye solo. La llegada de Irene también nos encuentra a nosotros como equipo, aprendiendo, ajustando y creciendo. Y es en ese proceso —en lo cotidiano, en las decisiones compartidas, en la forma en que proyectamos— donde muchas cosas empiezan a tomar forma de verdad.
La escritura como espacio propio
En ese camino, hace ya un tiempo, apareció otra necesidad: la de escribir.
Así nació Pensar en Comunidad. No como un proyecto definido desde el inicio, sino como un espacio que se fue construyendo con el tiempo, casi como una búsqueda.
La escritura empezó como algo personal, como una forma de ordenar ideas, de frenar el ritmo y darme el tiempo para pensar qué me pasa, qué pienso y por qué. Con el tiempo, también se transformó en una manera de expresar una mirada sobre lo que nos rodea: la ciudad, lo público, esas discusiones que muchas veces damos sin profundizar.
No busca tener razón ni cerrar debates. Es, más bien, un ejercicio: conectar conmigo mismo, intentar pensar un poco mejor y, si se puede, aportar algo a una conversación más madura.
Mirar hacia adelante
Cumplir 40, para mí, también es mirar hacia adelante. No desde la ansiedad, sino desde una claridad que antes no estaba: entender mejor qué importa y qué no.
Con salud, con una familia que siga creciendo, consolidándose y encontrando su forma, con tiempo compartido y momentos simples que realmente valgan la pena. Pero también con desafíos.
Porque, si algo confirmé en este tiempo, es que los necesito. Soy —y elijo ser— un buscador de desafíos. No por inconformismo vacío, sino porque es mi manera de vivir: mantenerme en movimiento, seguir aprendiendo y no quedarme cómodo en lo conocido.
Si algo quiero para esta etapa es seguir construyendo, con más conciencia, con más responsabilidad y con una mirada más amplia. En lo personal, en lo familiar y también —en la medida que me toque— en lo colectivo.
Porque, al final, no se trata solo de lo que uno logra, sino de lo que ayuda a construir. Y ahí —aunque no siempre sea fácil— es donde todo cobra sentido.
Pensar, y vivir, en comunidad.
Excelente reflexión general. Para leer párrafo por párrafo y sacar conclusiones, desde este lado del mostrador. Porque, como señala un viejo refrán: A los cuarenta años empieza todo. No es una crisis, es un renacer... Besos hijo...Renuevo felicitaciones...
ResponderEliminarLuego de 40 fecundas vueltas, te esperaba el mejor asalto de la escritura. Este es tu texto que mas me gusta porque es el mas tuyo. Aquí la escritura saltó de lo técnico para meterse subrepticiamente en tu casa, en tu corazón. Te terminó de atrapar y quién sabe hasta dónde pueda llevarte. Escribís demasiado bien para limitarte -valga la paradoja- a la comunidad. Irene, tu mujer y los 40 promovieron un texto emotivo y confidente. Ya no hay que adivinar a Alfredo detrás de sus intachables y maduradas construcciones prescriptivas. Acá, envuelto por la seducción de la escritura, fue mas generoso y abrió -como lo hubiera dicho Cortázar- el insondable camino que conduce hacia uno mismo. Una nota hermosa producto de un momento hermoso. Felicitaciones por todo Freddo !!
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